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apuntes del natural

El desierto de los tártaros

mientras leo El desierto de los tártaros, de dino buzzati, voy recopilando textos profundos y bellos, perfectos para este blog. los iré colgando poco a poco.

es una novela realmente buena, la recomiendo con fervor.

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El más cercano, en una terraza interior, a unos diez metros, menos presuroso que los otros, estaba inmóvil, con la espalda apoyada en un muro; se habría dicho que dormía. Pero Drogo lo oyó canturrear una cantinela con voz profunda.

Era una sucesión de palabras (que Drogo no lograba distinguir) unidas entre sí por un aire monótono y sin fin. Hablar, y aún peor cantar, de servicio estaba severamente prohibido. Giovanni habría debido castigarlo, pero le dio pena, pensando en el frío y la soledad de aquella noche. Entonces empezó a bajar una breve escalera que llevaba a la terraza y tosió levemente, para advertir al soldado.

El centinela volvió la cabeza, y cuando vio al oficial rectificó su posición, pero no interrumpió la cantinela. A Drogo le asaltó la cólera: ¿aquellos soldados se creían que podían tomarle el pelo? Ya le daría un buen escarmiento.
El centinela notó de inmediato la actitud amenazadora de Drogo, y aunque la formalidad del santo y seña, por mutuo y viejísimo acuerdo, no se practicara entre los soldados y el jefe de la guardia, tuvo un exceso de escrúpulo. Embrazando el fusil, preguntó, con el especialísimo acento usado en la Fortaleza:
-¿Quién va? ¿Quién va?

Drogo se paró de golpe, desorientado. Quizá a menos de cinco metros de distancia, a la límpida luz de la luna, veía perfectamente la cara del militar y su boca estaba cerrada. Pero la cantinela no se había interrumpido. ¿De dónde venía entonces la voz?
Pensando en aquella cosa extraña, ya que el soldado seguía a la espera, Giovanni dijo mecánicamente la contraseña: «Milagro». «Miseria», respondió el centinela, y dejó el arma a sus pies.

Se produjo un inmenso silencio, en el cual navegaba más fuerte que antes el murmullo de palabras y canto.
Por fin Drogo comprendió, y un lento escalofrío corrió por su espalda. Era el agua, era una lejana cascada que corría con estruendo por los salientes de las rocas vecinas. El viento, que hacía oscilar el larguísimo chorro, el misterioso juego de los ecos, el sonido distinto de las piedras golpeadas, formaban una voz humana, la cual hablaba y hablaba: palabras de nuestra vida, que se estaba siempre a un pelo de entender, pero, en cambio, nada.

No era, pues, el soldado el que canturreaba, no un hombre sensible al frío, a los castigos y al amor, sino la montaña hostil. Qué triste equivocación, pensó Drogo, quizá todo es así, creemos que a nuestro alrededor hay criaturas semejantes a nosotros y en cambio no hay sino hielo, piedras que hablan una lengua extranjera; estamos a punto de saludar a un amigo, pero el brazo vuelve a caer inerte, la sonrisa se apaga, porque advertimos que estamos completamente solos.

El viento bate contra la espléndida capa del oficial y la sombra azul sobre la nieve se agita como una bandera. El centinela está inmóvil. La luna camina y camina, lenta, pero sin perder un solo instante, impaciente del alba. Toc, toc, late el corazón en el pecho de Giovanni Drogo.


de El desierto de los tártaros, de dino buzzati
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4 comentarios

andrea -

Que temas se tratan en el libro? "el desierto de los tartaros".

ziamma -

Me gusta la armonía es sus descripciones y me gusta el sabor a melancolía que no te lleva a la tristeza.

:)

parapo -

genial. es muy buena, te gustará.

espero tu comentario ;)

Gru -

La tengo en italiano y en castellano. Se la regaló una italiana muy amiga a mi chico, pero nunca me había entrado el gusanillo de leerla. Lo haré. Ahora sí.
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